Que bonito es darse cuenta de que hay amigos que están siempre ahí: para las sonrisas, para las lágrimas, para las alegrías, para los disgustos, para los triunfos y para los problemas.
Es increíble comprobar que personas que has conocido por el camino, han conseguido marcar el antes y el después en tu vida.
Lo pienso y solo puedo dar gracias a Dios por la gente que ha ido poniendo en mi vida poco a poco y de forma sutil. Darle las gracias, porque esa gente me hace ser mejor persona cada día. Porque esa gente me hace sentir querida. Porque esa gente hace que me sienta protegida. Porque esa gente ha dejado muchas veces de hacer cosas más importantes que oír mis rayadas mentales y me han apoyado, dado buenos consejos y sobre todo ánimos. Esta muy claro, por lo menos para mí, que las mejores personas llegan cuando menos te lo esperas.
Muchas veces no soy yo la que esta ahí para apoyar a mis amigos, pero lo intento aunque sea algo inverosímil a los ojos del resto. Me esfuerzo, caigo e intento levantarme y cuando no lo consigo, alguien me tiende su brazo para ayudarme en esa ardua tarea.
Empiezo a distinguir entre amigos y "colegas", me ha costado bastante, pero mejor tarde que nunca, ahora se que cualquiera puede hacerte sonreír, pero no cualquiera puede dejarte sonriendo. Eso es así, por lo menos lo que mi experiencia me ha enseñado y mientras escribo esto lo he comprobado: me han hecho sonreír después de un final de día no demasiado bueno.
Y después de todo esto ya sabes, mantén cerca a los que merecen la pena y a los que no, puerta y a la puta calle.
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