El modelo de hombre perfecto es el que todas las mujeres buscan. El hombre perfecto es el que mide 1'80, tiene una sonrisa perlada, la "tableta" que tanto nos gusta en el abdomen, ojos claros y pelo despeinado cuidadosamente. Es el que, cuando estas mal, se da cuenta y te manda unas rosas rojas que ponen un toque de color a tu día. Es el que te lleva el desayuno a la cama, con ese vaso de zumo y unas tostadas con aceite, poniendo en la bandeja tu revista favorita. El que, cualquier día, te recoge en tu casa dandote una sorpresa y te lleva a tu restaurante favorito, del que le hablaste una vez de pasada, pero como es perfecto se acuerda de todo. El que consigue que todas las películas de amor que has visto, se hagan realidad estando con él.
Sin embargo, yo tengo otro concepto de hombre perfecto. Mi hombre perfecto es un despistado. Nuca nota si estoy triste, pero consigue animarme incoscientemente, y eso, le hace aún más especial. No hace que mi vida sea como una película de amor. Consigue que mi vida sea mejor que las de las películas. No necesito que me traiga el desayuno a la cama, prefiero desayunar con una camisa suya puesta, sentada en la mesa con él. Sí, es un detallazo que me lleve a mi restaurante favorito, pero con estar en su compañía, aunque sea en un sitio de comida rápida, convierte la velada en algo perfecto.
Puede que sea muy conformista, pero los hombres son perfectos a nuestros ojos, cuando nos enamoramos de ellos. Da igual que sean altos, bajos, gordos, flacos, con los dientes blancos y bien colocados o algo torcidos.
Simplemente, no hay que buscar al hombre que tenemos idealizado, sólo enamórate y comprobarás que has encontrado el hombre perfecto.
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